02 mayo 2012

Puertas abiertas


¡Cuántos intentos frustrados!, ¡cuántas recuperaciones de peso!, ¡cuántos sistemas distintos he usado!, ¡cuántos médicos (y a veces no médicos) he consultado!, ¡cuántas dietas diferentes he realizado!, ¡cuántos gimnasios he visitado!, ¡cuántos tratamientos he tomado!, ¿y el resultado?   La misma obesidad o sobrepeso con el que siempre he estado… ¡si no es que más!

¿Le suena familiar lo arriba escrito?  ¿ve en esas exclamaciones un reflejo de usted mismo(a)?   Bueno, sientase mejor, eso le sucede al 80% de las personas que inician un régimen para tratar de adelgazar, o sea que de diez que lean este escrito, ocho se verán reflejados en estos comentarios.  Obviamente como dice más o menos un refrán, el mal de muchos no tiene por qué ser consuelo de otros, pero ¿tiene que ser así?  O sea ¿es inevitable fracasar al intentar adelgazar?  Por supuesto que la respuesta es un tajante y contundente  NO.  No tiene porque ser el fracaso la norma en un régimen reductor y de hecho no lo es, porque aunque fuese el 1% quien logra la meta, la posibilidad existe, y aquí no hablamos del 1 por cada 100, sino de 20 por cada 100 según estadísticas.  ¿Por qué no ser usted uno de esos veinte?  ¿Qué secreto tienen esos veinte que no tienen los otros ochenta? ¿acaso tienen una varita mágica?  ¿acaso poseen un zipper invisible que cierra sus bocas cada vez que ven un delicioso helado?  ¿ponen algun santo de cabeza? ¡por supuesto que no!  Ellos tienen algo en común que no depende de su sobrepeso, ni de su edad, ni de su genética, ni de su ecomomía, ni siquiera de su fuerza de voluntad o de su apego total al régimen, tienen constancia, esa es la clave, esa es la carta bajo la manga que ocultan estos triunfadores, porque podríamos decir que ser perseverante ayuda, pero una perseverancia intermitente de una semana comiendo sano por tres meses comiendo basura (comida chatarra) nunca nos ayudará y le podrás preguntar al paciente y te dirá: yo soy perseverante… ¡tengo 20 años intentándolo!, esa perseverancia no nos sirve de nada.

La constancia en acudir a sus citas siempre, en volverlo a intentar, pero día a día, no intentarlo siete días y dejarlo siete meses, en enfrentar los hechos en cada sesión, en afrontar lo que se presente de acuerdo a lo que se hizo, obviamente no se trata solo de asistir a consulta y despues salir corriendo por una pizza, se trata de hacer todo lo posible de acuerdo a sus posibilidades pero siempre acudiendo a su siguiente cita, siempre diciendo aquí estoy para responder por lo que hice o dejé de hacer en la semana.  En mis quince años de atención al paciente obeso, esa ha sido siempre la regla, no hay secretos, sólo sea constante y pasará de la fila de los ochenta al selecto número de los veinte, los resultados tendrán que venir porque serán la consecuencia de haber cambiado sus hábitos permanentemente.   

Estimado paciente, el compromiso de esta constancia no es conmigo, el médico tratante, ¡es con usted mismo! Amese lo suficiente para dejar de comer la basura que nos venden adornada con bellos colores, tentadores olores, adictivos sabores, pero que no deja de ser basura para su cuerpo y para su mente, dese un tiempo y reflexione, no tiene por qué ser de esos ochenta que cargan su sobrepeso hasta que éste termina de forma prematura con su salud, decidase a iniciar nuevamente el sendero del buen comer, cuesta, pero vale la pena y si en su elección quiere visitarnos nuevamente, sepa que en NutriZen siempre tendremos las puertas abiertas, esperando su regreso.

Dr. Javier Gutiérrez Ornelas



16 abril 2012

"Adelgazar la mente"

El cuerpo sigue a la mente, esta es una frase muy antigua y muy cierta, un cuerpo delgado en una “mente obesa” llevará nuevamente al sobrepeso en poco tiempo, un cuerpo obeso en una “mente delgada” pronto reducirá para no volver a subir, pero ¿Cómo es esto? Sucede que, para que nosotros podamos mantener un peso sano debemos tener el enfoque mental correcto para lograrlo, si no es así, nuestros resultados durarán poco tiempo, si acaso se presentan.

Obviamente los términos arriba señalados de “mente obesa”, “mente delgada” o “adelgazar la mente” son dichos en sentido figurado, metafórico, pero son bastante útiles y didácticos, pasare a explicar un poco más lo que significan.

Un cuerpo delgado en una “mente obesa” sería algo como esto: una persona ha logrado perder 18 kilogramos en un periodo de 4 meses, durante este tiempo se aplicó a su régimen de forma estricta, no faltó a sus consultas y tomó sus tratamientos tal como se le indicó, finalmente vio coronados sus esfuerzos alcanzando su peso ideal, se le entrega su estabilización y hasta aquí todo bien, sin embargo, una vez alcanzando su peso se dice: “muy bien, lo he logrado, ahora podré comer ese trozo de pastel que tanto me gusta” inmediatamente se dirige al refrigerador y ve el delicioso pastel y no se come una rebanada sino el equivalente a 3 rebanadas, después de esto se dice: “si lo logré una vez lo podré lograr nuevamente” y sale a la calle en busca de unos apetitosos tacos de bistec, ¡ah! y con tortilla doble. Este paciente a pesar de haber perdido una cantidad importante de peso, aún no logra comprender que la alimentación balanceada se debe de seguir siempre, su cuerpo ha adelgazado, pero su mente aun no.

Un caso contrario sería el siguiente: un paciente al ser evaluado se le determina un sobrepeso de 21 kilogramos, el paciente entiende que su situación actual es seria, debe cambiar sus hábitos alimenticios de forma profunda y aunque esta por arrancar su régimen, sus pensamientos son los siguientes: “hoy comprendo lo errónea que ha sido mi alimentación, mis hábitos me han llevado a preferir los alimentos perjudiciales sobre los sanos, pero con esta asesoría y siendo disciplinado creo poder cambiar esos hábitos que tanto me han dañado y por ende mejorar mi peso” su cuerpo aun no reduce, pero su mente tiene la “reducción” necesaria para lograrlo.

¿Cómo identificar si tengo una “mente obesa” o una “mente delgada?

·     La persona de “mente obesa” nunca dice que está a dieta, la persona de “mente delgada” aunque no lo pregona si acepta que está en un régimen para perder peso si se lo preguntan.
·     La persona de “mente obesa” aprovecha cualquier ocasión que no asiste a su consulta para comer “lo que no viene en la dieta”, la persona de “mente delgada” si no puede asistir sigue el régimen lo más apegado posible.
·     La persona de “mente obesa” miente sobre su peso o dice desconocerlo, la persona de “mente delgada” acepta y dice su peso tranquilamente, consciente de que esta en un proceso de cambio.
·     La persona de “mente obesa” solo se preocupa por los kilos que pierde, la persona de “mente delgada” comprende que la pérdida de peso es la consecuencia de una alimentación balanceada.
·    La persona de “mente obesa” ve en la báscula a su peor enemigo, la persona de “mente delgada” solo lo ve como un instrumento de medición para corroborar sus avances.
·    La persona de “mente obesa” niega comer alimentos altos en calorías cuando lo hace, la persona de “mente delgada” acepta su desliz y se compromete a retomar el sistema. 

Así podría continuar dando características, pero lo importante es saber que para que el cuerpo cambie alcanzando su peso ideal, debemos cambiar primero la mente con la cual percibimos nuestro problema.

Dr. Javier Gutiérrez Ornelas   



03 abril 2012

Un pequeño tropiezo

Un día en un paciente típico pudiese ser como este:


Mientras conduce su coche camino a casa después de un día de arduo trabajo piensa:
“Llevo un excelente avance en mi pérdida de peso, de hecho no recuerdo haber adelgazado tanto y sobre todo sintiéndome tan bien, el tratamiento médico me ha ayudado mucho a controlar el hambre y qué decir de la ansiedad, esa ansiedad que me hacia comer entre comidas, ahora puedo ponerme ropa que ya no me quedaba, incluso he recorrido dos orificios al cinturón, estoy seguro que he adelgazado dos tallas o más, ahora como mas verduras, frutas, cereales integrales y hace tanto que no como chocolates… enseguida hace una pausa mental y un profundo suspiro…chocolates…” entonces mentalmente aparece la figura brillante de un chocolate cubierto de forro metálico, después mentalmente lo desnuda y evoca aquel olor a cacao y avellanas, la imagen se dibuja detalladamente en la mente y la salivación se eleva discretamente, enseguida piensa: “¿hace cuanto que no comeré un chocolate?, después de todo, ¿Qué tanto es un chocolate? Además, creo que me lo merezco puesto que he avanzado muy bien y un simple chocolate no me hará subir de peso, entonces los ojos del paciente se agudizan mientras va al volante, alertas de encontrar alguna tienda de autoservicio y enseguida la encuentra, como águila sobre su presa se dirige por el trayecto más corto posible hasta aquella tienda y en menos de 2 minutos esta frente al mostrador con un paquete  no de uno, sino ¡cinco chocolates! en mano.

Después de pagar sube a su auto con su ansiado producto, tan pronto enciende su coche piensa:
“compre cinco, pero solo me comeré uno, los demás los repartiré en la casa, al fin y al cabo a todos les gusta el chocolate” después de este pensamiento de forma casi compulsiva abre el forro del chocolate y lo come con un gusto enorme, una vez que come y disfruta su chocolate, al llegar a un semáforo, voltea a ver el resto de las golosinas y el forro vacio del chocolate que se comió y piensa: “realmente saben muy ricos y viéndolos bien son muy pequeños, no creo que pase nada si como uno más, además de eso, en casa solo son 3 así que sobraría uno y ya los conozco, empezaran a pelearse por el” pensado esto desenvolvió el paquete del segundo chocolate y lo comió de forma apresurada.

El camino a su casa no es tan largo pero el tráfico está bastante congestionado, en otro alto obligado voltea a ver los cinco envoltorios vacios de chocolate y piensa: “bueno, para que les llevo tentaciones” después de este pensamiento, viene un auto reproche mental: “siempre me pasa lo mismo, yo no puedo hacer dieta, soy muy débil, no tengo fuerza de voluntad, mira que no resistir comer esos chocolates ¡y luego ni buenos estaban!, ahora no perderé peso y el médico verá que no seguí las indicaciones, mejor no iré a la cita…”

Esta situación suele acontecer, llevamos un excelente avance y un antojo nos mete el pie, si esto le sucede a usted, no se preocupe, ni se desanime, es algo bastante común, si un chocolate, una hamburguesa, una nieve o alguno de estos alimentos altos en calorías le meten el pie y usted cae, no pasa nada, solo levántese y continúe con su régimen, no se trata de debilidad, ni de fracaso, solo se trata de la fuerza del hábito que hace su aparición, vuelva a evocar los pensamientos positivos de sus avances y los beneficios que observa en usted y después de un tiempo no muy largo, estos antojos cada vez se presentaran en menor frecuencia, recuerde que tiene permitido caerse, lo que no se permite es ya no levantarse.

Dr. Javier Gutiérrez Ornelas




                                                                              

27 marzo 2012

¿TODO el esfuerzo?

Cuando presentamos sobrepeso u obesidad, estamos en un riesgo constante de salud, eso lo sabemos, también sabemos que es necesario reducir de peso para obtener beneficios físicos y mentales que nos permitan armonizar con todo lo que nos importa. Sin embargo, debemos preguntarnos sinceramente ¿estamos haciendo TODO lo que podemos para cambiar nuestro peso corporal? ¿Estamos agotando hasta el último recurso con tal de volver a un peso sano? O ¿nos estamos haciendo de la vista gorda ante nuestro problema de obesidad? ¿Sacamos excusas y postergamos los cambios de hábitos que nos lleven a adelgazar? O ¿estamos esperando que llegue la píldora mágica (que por cierto nunca llegará) que transforme nuestro sobrepeso en una envidiable delgadez?

Cuantas veces les decimos a los demás y lo peor, nos lo decimos a nosotros mismos: “he puesto TODO mi esfuerzo en perder peso y nada mas no bajo” ahora preguntándose sinceramente: en realidad ¿ha puesto TODO su esfuerzo en adelgazar y no lo consigue? Si usted contesta que si, la pregunta siguiente sería ¿durante CUANTO tiempo ha puesto usted TODO su esfuerzo para adelgazar sin conseguirlo? ¿Una semana? ¿Un mes? ¿Un año? Este punto, el tiempo durante el cual ponemos todo nuestro esfuerzo, es muy importante, nunca ganaremos un maratón de 10 kilómetros si corremos a toda velocidad el primer kilómetro y luego caminamos los otros nueve. Necesitamos poner todo nuestro esfuerzo pero durante todo el tiempo que sea necesario hasta ver reflejado en nosotros y en la bascula el peso que queremos alcanzar, ahora la valiosa pregunta: ¿de cuánto tiempo estamos hablando? Desgraciadamente no hay un tiempo fijo y la respuesta más indicada sería: el tiempo que sea necesario para ver los resultados, así que si usted es de la idea que puso todo su esfuerzo, tal vez lo hizo, pero no el tiempo necesario.

Es muy importante cuestionarse las ideas que uno da por sentadas y que muchas veces carecen de bases reales, por ejemplo: ¿En base a qué, usted supone que está poniendo todo su esfuerzo? ¿En base a otras ocasiones pasadas? ¿En base a que no comió el trozo de pastel que tanto le gusta en una ocasión? ¿En base a que hace la dieta tal cual viene escrita? ¿Realmente la hace tal cual viene escrita? ¿Ha checado cuantas semanas ha realizado la dieta tal cual viene escrita ininterrumpidamente y no baja de peso? Si nosotros indagamos de forma honesta nuestro abordaje del cambio alimenticio nos daremos cuenta de algo muy importante: si ponemos TODO nuestro esfuerzo DURANTE el tiempo suficiente SIEMPRE bajaremos de peso. En esta afirmación no hay falla, si los resultados no se presentan, es porque un factor de los que componen esta frase no se ésta cumpliendo, analícela y vea en usted que factor es el faltante y trabaje sobre él, es la única forma de ver resultados positivos.


Dr. Javier Gutiérrez Ornelas